No es la primera vez que la auditoría señala las deficiencias del programa, también lo hizo en 2014 y 2015, pero ni Rosario Robles ni José Antonio Meade hicieron algo por solventar las ineficiencias.

El programa Comedores Comunitarios en 2016 fue ineficiente: 90% de los lugares donde se brindan alimentos no fueron abastecidos para su correcta operación, no se sabe si los beneficiarios fueron personas en pobreza extrema y no hubo verificación de los alimentos que se ofrecían.

Este programa fue operado por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), encabezada en ese periodo por José Antonio Meade, y posteriormente por Luis Enrique Miranda.
Los señalamientos son parte de la evaluación de desempeño al programa Comedores Comunitarios reportado por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en el Informe de Cuenta Pública 2016.

Durante 2016 más de 24 mil mexicanos no tuvieron acceso a la alimentación; el programa de Comedores Comunitarios “no constituyó una solución estructural a las causas de la prevalencia de población con acceso insuficiente a alimentos variados y de calidad, y su diseño no trascendió un enfoque asistencialista”, advirtió la ASF, por lo que pidió a la Sedesol revisar las causas de estos resultados.

Esta no es la primera vez que la auditoría señala las deficiencias del programa, también lo hizo en la Cuenta Pública de 2014 y 2015, pero ni Rosario Robles (secretaria de Desarrollo Social entre 2012 y agosto de 2015) ni José Antonio Meade (titular de la dependencia entre agosto de 2015 y septiembre de 2016) hicieron algo por solventar las ineficiencias y conseguir que el programa cumpliera con su objetivo: combatir la pobreza alimentaria.

Pese a la persistencia de fallas, el programa tuvo aumentos presupuestales. En 2014 le asignaron mil 628 millones de pesos, y en 2016 pasó a 23 mil 150 millones de pesos, un crecimiento de 93 %.

¿Atención a los más pobres?
Al revisar el abasto de los comedores, mediante una muestra aleatoria de 358 expedientes técnicos, de un universo de 5 mil 68 comedores comunitarios operados en 2016, la Auditoría detectó que 90.3 % de ellos, “carece de la totalidad de los recibos de abasto generados desde su instalación, lo que limitó la posibilidad de garantizar la correcta operación y funcionamiento de los comedores”.

Además, la Sedesol reportó que las 537 mil personas atendidas en los comedores durante 2016 se encontraron en alguno de los grupos prioritarios, sin embargo no entregó pruebas de ello. Es decir, no acreditó que los beneficiarios fueron los que presentaron carencia por acceso a la alimentación.

Si bien la Sedesol instaló 268 nuevos comedores comunitarios en 2016, con lo que operó 5 mil 68 en total y los beneficiarios pasaron de 320 mil en 2014 a 537 mil en 2016, debido a las “deficiencias en el diseño y operación del programa”, no se acreditó que haya incidido en la población en pobreza alimentaria, es decir, no logró la disminución de esa carencia.

Con los 13 indicadores diseñados para evaluar la efectividad del programa no fue posible “verificar en qué medida, con los apoyos otorgados para la instalación, equipamiento y abasto de los comedores comunitarios, se incrementó el acceso a alimentos en los territorios urbanos y rurales ubicados en Zonas de Atención Prioritaria”, explicó la auditoría.

Tampoco se pudo saber si el programa contribuyó a fortalecer el cumplimiento de los derechos sociales y “no fue posible valorar en qué medida se cumplió con el mandato establecido de proporcionar alimentos nutritivos, de calidad y en cantidad suficientes”, para la atención de personas con problemas de desnutrición, “ni de su contribución para abatir la carencia por acceso a la alimentación”.

Sedesol careció de un programa de supervisión para los más de 5 mil comedores, toda vez que no mostró evidencia de haber verificado, al menos una vez por semana, su correcta operación y funcionamiento, ni estableció un plan de trabajo anual para el seguimiento a la operación y ejecución.

Debido a estos elementos, la ASF recomendó a la dependencia que “rediseñe el programa” con base en un diagnóstico que cuantifique la magnitud del problema de la falta de acceso a los alimentos y “que se oriente a ser una solución estructural de los factores causales de dicho problema para trascender el enfoque asistencialista”.

Por: Animal Político

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