Carolina tiene 45 años de edad y desde hace 10 es operadora electoral del PRD en Valle de Chalco, un municipio de más de 357 mil habitantes, de los cuales más del 85 por ciento se encuentra en situación de pobreza.

Hace más de nueve años se mudó a este municipio y, desde entonces, labora en una organización civil que su partido utiliza para bajar apoyos a la población mediante un esquema de triangulación de recursos.

Robusta, bajita y morena, coincide en que la elección es un mercado en el que existen compradores y vendedores.

Aunque reconoce que su “trabajo de convencimiento” se concentra en colonias empobrecidas y marginadas, se niega a colocar a las personas como víctimas de este mercado.

“La gente es mercenaria. Nos dice: ‘¿quieres mi voto?, ¿qué me vas a dar a cambio?’. Ya son bien cínicos. El que convence a la gente es el que da más por su voto. Todo es marketing, oferta y competencia desleal entre partidos”, afirma.

Dice que aunque sigue siendo efectivo comprar el voto el día de la elección, el trabajo de intermediarios como ella es permanente, porque bajar apoyos constantemente hace que las personas se convenzan de que, si no votan por el partido que se los está proporcionando, los perderán.

“Lo que nosotros buscamos es que nos extrañen, que nos busquen y que nos crean que si quieren seguir recibiendo nuestra ayuda, nuestros apoyos, tienen que votar por nosotros”, explica.

Carolina considera que la gente vende su voto porque da por hecho que éste no será tomado en cuenta para determinar los resultados de las elecciones.

“La gente está cansada, está harta y dice: ‘si ya sé que desde la oficina de un partido o desde el gobierno van a decidir la elección, mejor vendo mi voto, al fin que no lo van a tomar en cuenta'”, indica.

Agrega que, en este mercado, el dinero en efectivo es lo que más funciona.

En este punto es donde los programas sociales cobran especial importancia, pues a través de ellos los partidos políticos pueden dar apoyos, muchos de ellos en efectivo, sin gastar recursos, porque éstos ya están etiquetados en el presupuesto.

“Con estatales no tanto, pero con apoyos federales nos friegan a todos, porque la gente no está dispuesta a perder el dinero que cada mes o que cada dos meses le da el gobierno, y cuando llega el partido que tiene el control de los programas y les dice: ‘si no votas por mí te los quito’, la gente vota por ellos”, sostiene.

Por esta razón, dice, en municipios como Valle de Chalco, en donde el gobierno municipal es perredista y el estatal priista, el acceso a programas sociales estatales y federales es limitado a los partidarios de la oposición.

Y da un ejemplo: “si hay 100 becas, al gobierno municipal le dan 10 para no tener problemas, y las 90 restantes las baja directamente el gobierno federal o el estatal a través de sus células, para evitar que nosotros podamos lucirnos con esos apoyos”.

Prospera, Pensión para Adultos Mayores y el Programa de Becas de la Secretaría de Educación Pública son los programas federales más “jugosos” en la compra y coacción del voto, porque otorgan apoyos en efectivo, éstos son altos en comparación con otros programas y sus beneficiarios se cuentan por miles o millones.

Los programas sociales, asegura, son utilizados en dos vías: como forma de chantaje y como promesa.

“Se pueden usar para amenazar a los que ya reciben los apoyos, y para convencer a la gente de que si votan por mí los puedo afiliar a algún programa”, explica.

Para partidos como el PRD en el Estado de México, que tienen acceso acotado a programas sociales, uno de los mecanismos más usuales para “bajar” apoyos es la creación de organizaciones civiles.

A través de éstas, indica Carolina, se pueden bajar recursos del partido, del gobierno municipal y, en algunos casos de fundaciones internacionales, sin problemas fiscales o legales de por medio.

Y esto es lo que hizo el partido del sol azteca en Valle de Chalco. La fundación -cuyo nombre Carolina pide omitir- está ubicada en el municipio y todo el año reparte a la comunidad apoyos como sillas de ruedas, muletas, bastones, subsidios a alimentos y apoyos económicos para el pago de servicios como agua, todo bajo la condición de votar por dicho partido.
Láminas, pintura, tarjetas…

Margarita Sánchez es habitante de Valle de Chalco, tiene 39 años de edad y dos hijos, todos cursan la educación básica.

Desde hace dos años es beneficiaria de Prospera y recibe una despensa bimestral del gobierno estatal.

Además, recibe diferentes apoyos en especie que “promotoras” del PRI gestionan para ella y sus vecinos.

Las promotoras les informan las fechas en las que funcionarios federales y estatales visitarán su colonia para afiliarlos a los programas sociales, los asesoran sobre los documentos que deben tener listos y, en muchas ocasiones, los trasladan a los lugares en donde deben entregar la documentación.

En el último año, ha recibido, a nombre del tricolor, un galón de pintura, un tinaco y un paquete de láminas de cartón, las cuales utilizó para cambiar el techo de uno de los dos cuartos que habitan ella, su esposo y sus hijos.

Además de esos apoyos en especie, Margarita recibe una despensa bimestral y dinero en efectivo de Prospera.

Asegura que, hasta ahora, los apoyos en especie son los únicos que le han condicionado; no obstante, reconoce que el año pasado, funcionarios estatales encargados de entregarle la despensa, la “invitaron” a votar por el PRI.

“De Prospera no me han dicho nada de votar. Las promotoras son las que sí nos dicen que nos van a dar apoyos y que nos van a seguir ayudando, pero que votemos por el PRI, porque si no los vamos a perder. También una señora que me entregaba la despensa del gobierno de aquí nos dijo que votáramos por el PRI, porque si llegaba otro partido nos iban a quitar ese apoyo”, indica.

Margarita asegura que votará por el tricolor el próximo 1 de julio porque, a pesar de que no la han amenazado con perder Prospera, teme dejar de recibir los cerca de mil 800 pesos mensuales que cada dos meses le entregan a través de dicho programa.

Por lo pronto, hace dos semana entregó a funcionarios estatales una copia de su credencial de elector. La promesa, dice, es que en unas semanas más recibirá una tarjeta rosa con un primer depósito de mil 200 pesos.

Agencia Reforma

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